Presentaciones y eventos

Mi paso por el II Murcia Romántica

Para el que no lo sepa el pasado sábado 6 de Mayo tuvo lugar en la Biblioteca Regional de Murcia un evento que reunía a escritores, lectores y blogueros a partes iguales. El año pasado me pilló despistada pero juré que en su segunda edición no pasaría lo mismo. Asistí en calidad de moderadora de la mesa de autopublicación y fue una delicia poder conocer más a fondo a escritoras como Lorena Escudero, Noa Xireau, Cristina Selva, Bernice Xanthe, Elvira Asthon y Rocio Serrano.

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Las mesas siguieron durante todo el día (menos en el descanso para comer ¡ñamy!) y se tocaron temas tan variados, interesantes y controvertidos como la eterna disputa entre AUTOPUBLICACIÓN VS EDITORIAL, los amiguismos a la hora de puntuar estrellas en la conocida plataforma de Amazon (¡menudo debate Patricia!) y como era considerada la literatura romántica hoy en día. Hubo una reivindicación respecto a este último tema que si bien podría ser el lema para buena parte de nosotras y es que alguien (muy acertadamente) saltó al grito de: SOMOS BUENOS, SOMOS LITERATURA Y ESTAMOS AQUÍ. ***Insértense los aplausos.2017-05-12 (6)

Fue un día inolvidable en el que pudimos llevarnos varios recuerdos pues a la entrada del evento nos dieron bolsitas con regalitos (todo un detallazo y la pluma era preciosa).

 

Hubo tiempo p18222152_1496080760442361_8434530147322680537_nara todo, risas, lecturas y mucho buen rollismo ¡incluso pude firmar ejemplares! La organización fue impecable y las organizadoras hicieron un trabajo de 10. Gracias García de Saura, Alissa BrontË y Judith Romero. De corazón.

 

 

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Recomendación de “Hija de reyes”

El pasado mes de Marzo en Intercomarcal Televisión, la Directora de la Biblioteca de Alberto Navarro de Elda, Consuelo Poveda, recomendó como lectura “Hija de reyes” mi última novela publicada.

Una novela que entrelazada la esencia de los cuentos de hadas con el misticismo de la mitología grecolatina en un mundo donde la brujería nos revela la naturaleza más visceral del ser humano.

 

Microrrelatos

ENTRE LOS RECUERDOS microrrelato

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Imagen de Pixabay

La fragancia de las rosas recién cortadas que descansaban en el pequeño jarrón no lograba enmascarar el tenue aroma de la vejez, la muerte y los recuerdos. Catherine había pasado la mayor parte de su vida en aquella habitación e irse ahora, suponía perder una parte de ella misma. Su hija no entendía por qué seguía viviendo allí y después de la visita al doctor insistía en que fuera a vivir con ella y su marido, pues no permitiría que su madre enferma viviera sola. Lo que su hija no sabía es que ella nunca se sentía sola, pues tenía sus recuerdos.

Comenzó a recoger sus efectos personales. Catherine alargó el brazo para coger un pequeño espejo de mano que una vez le había regalado su madre. Al ver su rostro en la superficie se asustó. El tiempo no había sido clemente con ella. Sus cabellos que antes habían sido castaños ahora refulgían blancos como la nieve y sus ojos negros le devolvían una mirada cansada y nostálgica con el brillo de quien había vivido una vida larga y plena. Pero no siempre había sido así, se dijo mientras observaba una pequeña fotografía arrugada donde se podía ver a dos jóvenes cogidos de la mano. De repente su memoria volaba ya muy lejos de la habitación, hacia una época más sencilla, en la que ella era una joven florista en Nueva Orleans.

El sol había teñido de dorado los edificios y viejas casonas que rodeaban la estación ferroviaria. Todos los días Catherine veía pasar a la gente apresurada para ir al trabajo y muy de tanto en tanto, estos le compraban flores para la oficina, para un amigo, para la esposa… o la amante. Suspiró imaginándose sus vidas llenas de anécdotas fascinantes. Ella deseaba viajar, soñar, enamorarse… De pronto vio cómo todos sus anhelos la observaban fijamente a través de un muchacho de ojos verdes. Él era joven, con el perfil de un dios griego y el aura de un poeta francés con los cabellos negros.

—¿Podría darme una rosa?

Su voz era la melodía que le faltaba al corazón de la muchacha. Catherine le dio la rosa más grande, con los pétalos más rojos que las fresas en verano.

—Debe de ser una chica especial…

—Vincent —contestó él.

Hasta su nombre era hermoso.

—Debe de ser una chica especial, Vincent.

—Sin duda, lo es —contestó regalando a la joven, a ella, esa misma rosa acompañada de un dulce beso.

Un beso entre una florista y un joven poeta.

Una lágrima cruzó el rostro de la anciana al recordar la primera vez que se encontró con el amor de su vida, hacía tanto tiempo que se había ido… Dejó las maletas junto a la cama y se durmió plácidamente, regodeándose una vez más en los recuerdos. Las rosas del jarrón se marchitaron al día siguiente, cuando Catherine no volvió a despertar.

Microrrelatos

DISTANCIA microrrelato

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Imagen de Pixabay

Hay personas en la vida que te dejan huella y qué con el paso del tiempo se olvidan. Sin embargo, existen otro tipo de personas, que sabes que nunca vas a olvidar, por muy lejos que se encuentren. Él era una de esas personas. Alguien que quieres tener en tu vida para siempre y aunque te da miedo admitirlo, es así; no podrías vivir sin su sonrisa, sin sus ojos castaños, sin su bata llena de pintura y sobre todo sin su amor. Es el amor lo que hace que sea tan especial y a la vez su terquedad, sus puyas…

La distancia no cambia eso.
La distancia sólo es una excusa para que dos personas que no están destinadas se separen. Pero si realmente lo quieres, la distancia sólo es un obstáculo en el largo camino que recorreréis juntos. Y yo sabía que él era mi destino, por eso nos cogimos de la mano, dispuestos a caminar.

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MARIPOSA DORADA microrrelato

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Imagen de Pixabay

Las horas pasaban lentamente, tan lentamente que parecía permanecer presa de un día eterno. Miré por el grande ventanal, imaginando como sería la vida allá fuera. No sé cuanto tiempo llevaba encerrada en esta torre, lúgubre, que atormentaba mi alma. Casi no entraba luz por los barrotes. Suspiré y me senté en el frío suelo de piedra, mirando la bandeja del desayuno ¿o era la comida? Realmente había perdido la noción del tiempo. Me había visto obligada a comer de las sobras, como si de un animal salvaje me tratase. Aunque por lo que dicen de mí soy peor que eso, soy una soñadora. Y los sueños tenemos que encerrarlos bajo llave para que no puedan nunca ver el sol. Algo llamó mi atención, era un destello dorado, casi invisible, que se acercaba a la ventana. Podía ser una señal, un nuevo destino acercándose a mi vida.
Sonreí ante esa idea.
Era una mariposa de alas doradas. Fui a cogerla y ésta dócilmente se puso en mis manos. Cogí el tarro de cristal que descansaba en una de las estanterías y la atrapé. Era tan hermosa…
De pronto comprendí porque el rey me había encerrado, yo era la mariposa y él quería protegerme. Protegerme de la corte, de su veneno disfrazado en copas de plata. Dejé libre a la mariposa y observé sus alas moverse graciosamente en el aire. Con el silencio del vuelo, se hizo el ruido. Cada vez escuchaba los pasos del rey más y más cerca, hasta que de pronto estuvo delante de mí.
-Sabes que te quiero ¿verdad?-Dijo él.
-Lo sé.

 

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LA CANCIÓN OLVIDADA microrrelato

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Imagen de Pixabay

En una vieja taberna, un joven borracho se puso a cantar. Se decía que era una canción maldita, una leyenda del antiguo mundo, un cuento para asustar a los viajeros. Sin embargo el joven se subió a la mesa aun con la pinta de cerveza en la mano y cantó a pleno pulmón.

Niño no pases,
no puedes entrar,
las brujas acechan en ese umbral.
Niño corre,
corre a tu hogar,
las brujas veo llegar.
Niño ya es tarde, deja de temblar,
las brujas van a cocinar.
Mueven el caldero una y otra vez,
aunque sus melenas no dejan ver.
Niño escucha, no lo repetiré
vuelve a tu hogar de una vez.

Para cuando terminó la canción, un niño entró en la taberna asustado, andrajoso y mal peinado, miró al borracho a los ojos y le dio las gracias. Nadie más lo vio, sólo el joven que cantaba, reconociéndose a sí mismo cuando era niño y había osado adentrarse en el bosque a la hora de las brujas, para años más tarde componer una canción que se convertiría en advertencia.

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EL FIN DE LA VIDA microrrelato

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Imagen de Pixabay

Él. Sólo, amargado, hastiado y bebiendo hasta el amanecer. ¿Cómo podíamos llegar a ese extremo? ¿Porque la rutina nos castigaba con su inflexible vara? El solitario muchacho solo quería ser feliz y parecía que el mundo de los hombres estuviera creado de ironía, pues ser feliz ahora era un lujo escaso en aquellos tiempos. Los pobres, como él, solo podían aspirar a una vida de máquina, reproduciendo una y otra vez la rutina mas hilarante. ¿Dónde quedan las batallas de caballeros? ¿Dónde quedan las criaturas mágicas? ¿acaso todo era mentira? Se negaba en rotundo a creerlo, si no creían en la magia, si no soñaban ¿Qué eran? ¿Sólo cuerpo? ¿sólo huesos?

No podía haber un mundo así.

Si lo había… pensó el hombre… matádme ya, porque la vida sin sueño es la muerte del corazón, la muerte del alma y el fin de la vida.