Microrrelatos

GIRASOL AMARILLO microrrelato

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Imagen de Pixabay

El señor Philip Piper se encontraba limpiando el garaje como cada domingo cuando le dieron la noticia: su padre se estaba muriendo. Apresurado y sin tan siquiera pensar cogió la vieja bici de su hijo, que antes le había pertenecido a él y antes de eso, a su padre. Sin embargo, cuando la apartó de la pared, vio algo en lo que no había reparado antes… la semilla de una pipa.

Nostálgico, como ya estaba, recordó los días en los que su padre y él plantaban girasoles en su mismo jardín.Recordó aquello con cariño y sonrió por un segundo, antes de darse cuenta de que tenía poco tiempo.
Se montó en la bici, se ajustó sus antiguas gafas y pedaleó, tan fuerte y tan rápido, como cuando era un adolescente enamorado que ansiaba llegar al porche de su chica para el soñado beso. Una vez ya en el hospital, le enseñó a su padre la pipa, quien sonrió como hacía antes, despidiéndose así de los viejos recuerdos. Mientras el señor Philip Piper le daba un último y cálido beso en la frente, una idea surgió en su mente. De vuelta a casa, paró su bici junto a una floristería, vació sus bolsillos llenos de monedas y cogió un macetero con un pequeño girasol amarillo. Lo plantó en su jardín, a la vista de su hijo y cuando el sol hizo que alzara sus pétalos dorados, el señor Philip Piper se abrazó a él, saboreando las pipas tostadas, los recuerdos de niñez y los besos ya dados, a la luz de los girasoles.
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